En efecto, durante la segunda rueda de la temporada
2012/2013 de la “B” Metro, aquél inolvidable (por lo inverosímil y esquivo del
trámite y resultado final del partido) encuentro en el “viejo” Francisco
Urbano, donde el Gallo del “Gato” Norberto Salvador Daniele, perdiese 4 a 3 con el “Funebrero”, tras
ir en ventaja 2 a
0 a los
quince minutos del primer tiempo (sendas conquistas de Damián Akerman), con
baile y promesa de goleada histórica; para luego finalizar el primer tiempo con
triunfo parcial del visitante por 3-2 y tras mucho esfuerzo, a minutos del
final, Morón consiguiese al menos el empate en tres tantos (gol de Claudio
Martín Cabrera), desahogo fugaz que en tiempo de descuento y por intermedio de
Ramón Lentini, los de San Martín se encargarían de acallar por completo a la
multitud reunida…, determinaría un bajón anímico y futbolístico de tamaña
magnitud en dicho plantel que, de no mediar la intervención providencial de
terceros equipos y circunstancias ajenas favorables (para la “causa” del Gallo,
no para los intereses propios de aquellos involucrados), a punto estuviese de
condenarnos al descenso, luego de haber comenzado el torneo como candidatos al
título.
A la inversa, en el primer semestre del actual torneo, un
Morón de Mario Darío Grana que no hallaba el rumbo y cosechaba más críticas que
buenos augurios, recibía por primera vez a Chacarita en el Nuevo Francisco
Urbano, conjunto dirigido por otro “Gato”, en este caso, Carlos Leeb, que
arribaba al Oeste como único líder del certamen y con apenas un par de tantos
en contra. En aquella jornada, el “Funebrero” habría de ponerse en ventaja, a
poco de comenzado el complemento (¿cuándo no?…, a través de Ramón Lentini),
para que luego el Gallo, en la noche “soñada” de Ariel Otermín, el rubio
defensor convirtiese por duplicado para dar vuelta el resultado, que más tarde
sería “decorado” por el tercero y definido, a cargo de Luis Hernán Ferreyra.
Y dicho cotejo implicaría el punto de partida de una
levantada del Gallito, que con algunos vaivenes, lo depositaría en la pelea
directa por el campeonato, finalizando el primer semestre a una sola unidad del
entonces único puntero, Atlanta y habiéndole sacado una sustancial diferencia,
tanto a Defensores de Belgrano como Flandria, en la lucha por eludir el
descenso, ventaja que licuaría rápida y furiosamente, en el lapso nefasto de
las primeras siete jornadas de 2014, con un magro récord de dos unidades sobre
veintiuno posibles. Por el contrario, en el caso de “Chaca”, registraría una
caída tan abrupta y de similares características a la nuestra, desde el
referido 3-4, que le costaría no menos de diez encuentros para poder volver a
la victoria, alejándolo de los puestos de privilegio y poniendo en serio riesgo
la continuidad de su cuerpo técnico.
Tal vez, el anhelado y necesario triunfo del Deportivo Morón
de la víspera, nuevamente a expensas del “Funebrero” de Carlos Leeb, en su
estadio de Villa Maipú, pudiese jalonar otro antecedente en esta cadena
reciente de triunfos anímicamente valiosos, tanto para uno como para el otro, no
sólo por la importancia relativa y lógica de alzarse con un clásico y en
terreno ajeno, sino por la capacidad de convertirse en auténticas bisagras
anímicas y futbolísticas, para el resurgimiento y proyección del triunfante,
como para la caída libre y sin escalas del derrotado.
En la noche del último martes, este Gallo que venía de siete
partidos sin ganar, con cinco derrotas, y un Mario Grana nuevamente cuestionado
y con razón, sólo sostenido por las convicciones/caprichos de la dirigencia,
hallaría el triunfo tanta veces soñado en estos dos meses y monedas, desde el
reinicio de la segunda rueda, nada menos que ante un Chacarita en ascenso y
agrandado por los buenos resultados de los últimos tiempos, ante su gente y con
unas ganas locas de tomarse revancha de la dura derrota en el Nuevo Francisco
Urbano, bronca que se trasladaría al sector de vestuarios visitante, cuyos
vidrios y mobiliario sufrirían las consecuencias.
Sin brillar, ni mucho menos, pero con la actitud y la
personalidad que se requiere para ganar este tipo de partidos especiales y
esperados, a partir de la solvencia de un Juan Cruz Leguizamón, titular por
segunda vez consecutiva, ante la lesión de Alejandro Esteban Migliardi;
heredando de muy buena forma el arco propiedad del gran capitán “Chiche”, con
una actuación sobresaliente, en particular durante los primeros veinte minutos
del encuentro, en los cuales el local habría de arrinconar y generar las más
claras a su favor de todo el partido, propiciando el destaque del ex Central
Córdoba de Rosario, a la sazón la figura, por no menos de cuatro o cinco
atajadas antológicas.
De allí en adelante, poco a poco la visita comenzaría a
emparejar las acciones, con el despliegue de su doble cinco más exitoso,
conformado por Martín Rodrigo Granero y Dante Martín Zúñiga, y la prodigalidad
de Luis Ferreyra y Mariano Omar Barbieri, a quienes se sumarían con el corren
de los minutos y de la confianza renovada, los hombres de la última línea, ya
con menos trabajo y dificultades a la hora de la contención de los rápidos y
escurridizos puntas locales.
Sin demasiado peso ofensivo, a pesar de alguna acción
propicia, y con poco aporte de Víctor David López, rescatado del ostracismo por
el cuerpo técnico, tras un muy largo tiempo, en el descuento del primer tiempo,
al Gallo se le simplificarían sus problemas para generar peligro en ataque, de
la manera más inesperada: luego de un centro largo de Hernán Gonzalo Parentini
(nuevamente utilizado como primer marcador central, dentro de una línea de
cuatro en el fondo), Pablo David Vacaría habría de peinar dicho envío en el
borde del área grande, para que Gonzalo Rocaniere, el “6” de Chacarita y ex compañero
del “Colo” en Comunicaciones, desviase la trayectoria del balón (en su afán por
evitar que Damián Emilio Akerman tomase contacto con el pase), neutralizando la
estirada de un sorprendido Otarola y poner en ventaja al visitante.
Sin demasiada justicia, pero…, ¡¡¿ a quién le
importa??!!..., Morón se aferraba a un triunfo parcial por el que poco había
hecho hasta entonces, más allá de haber recuperado la confianza en sus propias
fortalezas, para animarse a jugar de igual a igual, tras unos primeros minutos
de confusión y control absoluto del rival.
Ya en el complemento, nuevamente el Gallo volvería a contar
con la ayuda inestimable del protagonista repetido y menos pensado: Gonzalo
Rocaniere, que a los diez del segundo tiempo y tras una acción doblemente
descalificadora (primero con los “tapones” y luego con una trompada en el
rostro) y peligrosa en perjuicio de Dante Zúñiga, dejaría al “Funebrero” con
diez y al volante central de Morón, con un profundo corte en su cabeza, y una
voluminosa venda, al mejor estilo “Patoruzú” (por varias similitudes,
comenzando por sus orígenes comunes, en tanto sendos “caciques” de la región
Patagónica).
A partir de allí, Morón recuperaría parcialmente la memoria
y con inteligencia, haría valer el hombre de más, dominando las acciones y el
trámite del encuentro, máxime a partir de un mejor rendimiento de Víctor David
López que, con mayores espacios, adquiriría más dinamismo y protagonismo, tanto
para habilitar (ahora sí) a los delanteros del Gallo, como para soltarse en
ofensiva y convertir el segundo tanto de la visita en la noche de Villa Maipú,
con un verdadero golazo, del ex “Albo” y el fútbol brasilero.
Y hasta podría haber aumentado las cifras, casi sin
proponérselo, cuando Luis Ferreyra estuviese a punto de repetir, como en la
primera rueda ante el propio “Funebrero”, pero cuyo remate demasiado frontal,
fuera contenido por el arquero Fernando Otarola, tras culminar una gran
maniobra previa y mejor asistencia, de un Damián Akerman, aún lejos de sus
mejores épocas.
Con el pitazo final de Pablo Germán Dóvalo (tercer triunfo
bajo su arbitraje, sobre un total de dieciseis encuentros), y el desahogo de
jugadores y cuerpo técnico dentro del campo de juego, como de todo el Oeste, frente
a las pantallas de TyC, desde su hogares o reunidos en la confitería de Nuevo
Francisco Urbano, el Deportivo Morón conseguiría el primer triunfo en 2014,
quizá en la “parada” más brava y ante uno de los rivales más esperados, para
tomar más oxígeno en la cruel lucha por los promedios y poder observar el
futuro cercano con renovado optimismo.
Si hasta habrían de repetirse los disturbios del final, en
la manga y la antesala de los vestuarios, al igual que ocurriese en nuestro
estadio, en la noche que plantel y cuerpo técnico de Chacarita se comportasen
como auténticos barras bravas, incapaces de ganar con buenas armas, dentro del
terrero de juego y de aceptar la derrota con madurez e hidalguía, fuera de la
misma.
Tal vez y sólo tal vez, esta laboriosa y hasta merecida (por
lo hecho y justificado en la segunda etapa) primera victoria del Gallito en el
semestre, adquiera las características de una bisagra en su rendimiento futbolístico
y de punto de inflexión en su faz anímica, como lo ha venido siendo en las
últimas temporadas, cada uno de los encuentros entre Morón y el “Funebrero”.
Ojalá, y en definitiva, se trate nada más (y nada menos) que
del comienzo de algo bueno. Mientras tanto…, ¡¡a festejar se ha dicho!!.
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