miércoles, 23 de abril de 2014
Alabado Sea (el “Tano”).
Y “San Salvador” Pasini continúa operando “milagros” por el
Oeste. De 5 sobre 30 en 2014, hasta su arribo, pasamos a 12 de 12, con 6 goles
a favor (todos en los segundos tiempos) y solamente un tanto en contra, además
de no haber recibido rojas en dicho lapso y reducido drásticamente la cantidad
de amonestados por cotejo.
Si tras los triunfos iniciales, ante Tristán Suárez en
Ezeiza (la jornada de la presentación oficial del nuevo entrenador del Gallo) y
algunos días más tarde, frente a Colegiales en el Nuevo Francisco Urbano
(cortando una sequía de cinco encuentros sin alegrías en nuestro estadio, desde
el domingo 8 de diciembre de 2013, en el 4 a 0
a Flandria), hablábamos mucho de la importancia de sumar
de a tres, más allá de rendimientos e incluso de merecimientos; durante el
pasado sábado, en la segunda victoria consecutiva como visitante –algo que no
ocurría desde la temporada 2010/2011, la última en que ingresáramos fugazmente
a un Reducido, bajo la dirección técnica de Oscar “Cachín” Blanco-, el equipo
comenzaría a dar señales positivas y de crecimiento, también en el juego, que
redundarían en otra alegría fuera de casa, pero con el aliciente de haberla
justificado e incluso, por algún gol más de diferencia.
En ese contexto, es que el compromiso frente al “Bohemio”,
asomaba como el desafío más complejo al que debía enfrentarse el conjunto de
Salvador Antonio Aurelio Pasini, en comparación con los partidos precedentes, sin
desmerecer rivales ni menospreciar resultados, equipos todos ellos de opacos
presentes y peores futuros, constituyendo en definitiva y sin lugar a dudas,
tabla de posiciones mediante, los rivales más flojos del conglomerado de oponentes que presenta hoy en
día la “B” Metro.
Así las cosas y a sabiendas de cotejar con la mejor medida posible
desde su llegada, el “Tano” repetiría por vez primera, desde su asunción al
frente del primer equipo, los mismos once que provinieran de vencer con
justicia a Comunicaciones en Agronomía y que, más allá de las pocas horas de
preparación entre cotejo y cotejo, y tal vez cierto grado de sublimación de la
verdad futbolística no escrita, sobre que “equipo que gana no se toca”,
implicaría, ni más ni menos, que los deseos de continuidad y mejora del mejor
conjunto encontrado hasta el momento, en 270 minutos de juego efectivo, más
allá del afortunado acompañamiento de los resultados, con prescindencia de los
merecimientos.
Y si el destino le tendría preparada alguna prueba más, para
comprobar los verdaderos alcances de las renovadas fortalezas individuales y de
conjunto, de un equipo que, hasta hace sólo cuatro fechas atrás, parecía
resignado al fracaso y acostumbrado a perder, sin importar el rival ni el
escenario, y lo que era aún peor, sin manifestación ni voluntad alguna de rebeldía
personal o colectiva; nada peor que el tempranero “cachetazo” de Atlanta, sobre
el cuarto de hora inicial del encuentro (en el marco de un partido hasta allí
parejo y entretenido), para colocar “bajo la lupa” la respuesta futbolística y
mental, de un Morón con sobrados antecedentes de extrema fragilidad ante el
infortunio, durante el pasado reciente de la “era Mario Grana”.
Con la habitual solidez de Juan Cruz Leguizamón en el arco,
extinguido su invicto, aunque sin responsabilidades en el tanto “Bohemio”, la
defensa del Gallo volvió a ofrecer sus ya habituales claroscuros, con la
siempre sobria y efectiva labor de Ariel Otermín, pasando por las
irregularidades de Emiliano Mayola (en especial, por su peligrosa tendencia a
quedar “enganchado” en los off sides, para dejar habilitados a los delanteros
visitantes), y de un Matías Orihuela con altibajos y algunas dudas, en
particular a la hora de progresar en ataque; hasta llegar a la desacertada
labor (una vez más) de Esteban Giambuzzi, capaz de generar una situación de
desequilibrio en su propia área, al desentenderse de un pelotazo rival que
creyera perdido y que, sin embargo, jamás traspasara los límites del campo y
siempre continuase en juego.
En el mediocampo, una vez más el doble cinco conformado por
Martín Granero y Dante Zúñiga, volvería a mostrarse errático y por momentos
hasta perdido en el terreno, en especial durante el primer tiempo y en
particular en el caso del “Polaco” de General Levalle, quien hoy se halla muy
lejos de aquél fenomenal tiempista, rueda de auxilio y jugador indispensable,
figura excluyente durante la primera rueda del actual torneo. Con referencia a
su compañero del círculo central, con el correr de los encuentros, resulta cada
vez más evidente que le sienta muy bien el shampoo marca “Pasini”, puesto que
en los últimos tres cotejos (desde su regreso tras la suspensión), luego de
opacos primeros tiempos, donde el hábil neuquino tiende a perderse en la
intrascendencia de sus clásicas “calesitas” y el empecinamiento de hacer muchas
veces una de más, en los complementos y tras los entretiempos, ha sabido
cambiar diametralmente sus pálidas imágenes de inicio, para convertirse, unos
metros más adelantado, en el jugador exquisito, vertical y de talento único
para habilitar magistralmente a sus delanteros, sacando debido provecho de las
condiciones que posee de sobra y que, sin embargo, parece demandar de las
charlas en los vestuarios para sacar a relucir sólo en los segundos tiempos.
Claro que, para lograrlo, con esta floja actualidad de
Granero, tal vez necesite de Hernán Parentini, de mejor rendimiento que el
“Polaco” y que, por sus condiciones de volante más de quite y retrasado en el
campo, permite que Dante Zúñiga se libere de la marca y se preocupe por generar
fútbol. El mismo fútbol que habita por la banda izquierda, con Mariano Barbieri
como abanderado, pero que, en contraposición, brilla por su ausencia sobre el
carril derecho, con un Gastón Sánchez, “rápido y furioso”, pero sin pausa, y
que pese a sus ganas y prodigalidad, termina resultando improductivo para las
necesidades ofensivas del equipo.
Párrafo aparte para Gerardo Martínez, otro que pareciera
haber abrevado del “acondicionador” de “San Salvador” Pasini, puesto que desde
su ingreso, con el equipo en desventaja, volvería a ponerse al hombro las
responsabilidades de manejo del balón y generación de juego, aportando lo mejor
del Gallo en esa faceta (como ante Colegiales), con participaciones
determinantes en ambos goles y en este caso, ante Atlanta, con el agregado de
haber bajado varios “cambios”, para jugar sólo con la cabeza y no tanto con los
brazos y codos, en una interesante muestra de reestablecida templanza, que
ojalá se mantenga y profundice en el tiempo.
Y en ofensiva, con la gratísima noticia de la recuperación
simultánea de ambos delanteros titulares, puesto que Mariano Martínez habría de
jugar su mejor partido en mucho (pero mucho) tiempo, mientras que nuestro
goleador histórico, aún en deuda con su juego, retornaría en todo su esplendor,
con su olfato goleador y en su mejor rol: el de hacer estallar las gargantas de
los hinchas de Morón, con goles decisivos (el décimo en la temporada y 134 con
la casaca que mejor le sienta) y en partidos trascendentales, como frente al
“Bohemio”.
Es que, en definitiva, “San Salvador” Pasini continúa
operando “milagros” en el Oeste, con doce de doce desde su llegada, cuando
hasta ese momento y en las postrimerías del proceso encabezado por Mario Grana,
este equipo que parecía “partido al medio” anímica y futbolísticamente, provenía
de una racha nefasta de 5 sobre 30 posibles, más cerca del Averno que del
Reducido.
Ahora llegará el turno de Armenio, el próximo domingo, y
luego del “Gasolero”, el venidero miércoles. Ni más ni menos que aquél
encuentro, en que debía hacer su presentación oficial el nuevo técnico, con
apenas un par de entrenamientos y que, en el primer guiño cómplice de la
fortuna, la copiosa lluvia lo postergaría para el miércoles entrante. Tal vez
la misma lluvia que, evidentemente, hubo de inundar buena parte del campo de
juego, para recibir a Atlanta, el único escolta del líder, Nueva Chicago.
¿Que no cayó una sola gota de lluvia, en toda la semana
previa?... Es posible…, pero no me vengan con nimiedades, en presencia de otro
indicio “milagroso” de “San Salvador” Antonio Aurelio Pasini.
Alabado Sea (el “Tano”).
HAGAN LIO.
Foto: Osvaldo Abades.
lunes, 21 de abril de 2014
Por primera vez, el "Tano" repite equipo, en búsqueda del cuarto al hilo, frente al "Bohemio".
Con impensados 9 de 9, desde la asunción del nuevo técnico, el Gallo observa con renovado optimismo y mucha más tranquilidad, una tabla de los promedios que aún apremia, pero donde ha logrado sacar una luz de ventaja fundamental y, al mismo tiempo, una tabla de posiciones que lo sitúa a sólo una unidad del reducido, desempolvando "despacito y por las piedras", algunas de aquellas ilusiones que, tras la goleada a Flandria del 8 de diciembre de 2013, sepultáramos rápida y dolorosamente a comienzos de año, con la nefasta racha de 5 sobre 30 puntos posibles, hasta el desembarco de "San Salvador" Pasini.
En efecto, tras dos triunfos laboriosos y poco lucidos, el último sábado por la tarde, el once del "Tano" conseguiría su tercer triunfo al hilo, en otras tantas presentaciones, con el agregado de la prolongación de la valla invicta (495 minutos en total, son los que registra Juan Cruz Leguizamón), frente a Comunicaciones en Agronomía, aunque con el aliciente de haber mejorado ostensiblemente su producción individual y colectiva, para quedarse con tres puntos por demás justificados y hasta corto en el resultado, de acuerdo a las ocasiones de gol desperdiciadas, antes y a posteriori del tanto convertido (una vez más) por Mariano Omar Barbieri.
Así las cosas, conforme con el resultado, por supuesto, pero también con el rendimiento ante el "Cartero", Salvador Antonio Aurelio Pasini repetirá equipo por primera vez, desde su llegada al Gallo, cuando este martes desde las 21.05, el Deportivo Morón reciba a Atlanta en el Nuevo Francisco Urbano, con el arbitraje de Ignacio Lupani, televisación en vivo de TyC Sports y el regreso de Ariel Omar Berón, tras su suspensión, quien ocupará un lugar en el banco de los suplentes, en cotejo correspondiente a la 36º fecha del torneo de la primera "B" Metropolitana, temporada 2013/2014.
En consecuencia, los once del Gallito que intentarán prolongar la racha de victorias, frente a un "Bohemio" que, si bien es único escolta, ha perdido buena parte de la batalla por el campeonato a manos de Nueva Chicago, y llega precedido de bajos rendimientos y críticas muy fuertes hacia la dirección técnica de su entrenador, el joven de la "casa", Sebastián "Pipa" Cassano, serán los siguientes: Juan Cruz Leguizamón; Esteban Gabriel Giambuzzi, Ariel Otermín, Emiliano Jonathan Iván Mayola, Matías Exequiel Orihuela; Martín Gastón Sánchez, Martín Rodrigo Granero (cuatro amarillas), Dante Martín Zúñiga, Mariano Omar Barbieri; Damián Emilio Akerman (capitán), Mariano Matías Martínez.
Completan el listado de concentrados, uno de los cuales, de acuerdo a la costumbre del nuevo entrenador del Gallo, quedará marginado del banco de los suplentes: Fabián Zalazar, Ariel Omar Berón, Luis Hernán Ferreyra, Hernán Gonzalo Parentini, Rodrigo Basualdo, Víctor David López, Gerardo Daniel Martínez y Pablo David Vacaría.
Finalmente, se conocieron las programaciones de los próximos compromisos de Morón: en primer término y por la fecha 37º del torneo de la primera "B" Metropolitana, temporada 2013/2014, el Deportivo Morón deberá visitar a Deportivo Armenio, en el "Estadio Armenia" de Ingeniero Maschwitz, el próximo DOMINGO 27 de abril, a las 15.30, sin televisación en vivo.
Asimismo, se confirmó la reprogramación del cotejo suspendido frente a Témperley, correspondiente a la 32º fecha de la "B" Metro, encuentro que tendrá lugar el venidero MIERCOLES 30 del corriente, en el Nuevo Francisco Urbano, desde las 21.05, con TV en vivo, a cargo de TyC Sports.
Asimismo, se confirmó la reprogramación del cotejo suspendido frente a Témperley, correspondiente a la 32º fecha de la "B" Metro, encuentro que tendrá lugar el venidero MIERCOLES 30 del corriente, en el Nuevo Francisco Urbano, desde las 21.05, con TV en vivo, a cargo de TyC Sports.
Foto archivo: Osvaldo Abades.
viernes, 18 de abril de 2014
Un cambio obligado y otro táctico, para "comunicarse" con una nueva victoria, en "territorio Cartero".
Sin demasiado tiempo para el descanso, y con el mínimo indispensable para intentar obtener un mejor funcionamiento, con el correr de los días y los entrenamientos, Salvador Antonio Aurelio Pasini busca casi con desesperación un cambio en sus dirigidos, que "comience de la cabeza para llegar a los pies" (de acuerdo a sus propias palabras), en procura que los rendimientos individuales y colectivos de su equipo, vayan de la mano de esa cuota de fortuna que viene acompañando al Gallo, desde su arribo como DT, en materia de resultados positivos y guiños afortunados del destino.
A sabiendas de lo mal que se jugara durante el primer tiempo, del agónico triunfo frente a Colegiales, al igual que sucediera días antes, en la alegría también postrera ante Tristán Suárez, el "Tano" Pasini ensayará un par de variantes -una obligada y la restante táctica-, en la búsqueda de los mejores intérpretes para cada ocasión, de conformidad al rival, las necesidades y, fundamentalmente, las propias carencias y magras actualidades y performances.
De este modo y bajo esa consigna, tan realista como descarnada y necesaria, el cuerpo técnico dispondrá de dos cambios -y que por poco resultaran tres, ante la duda hasta último momento sobre Ariel Otermín, contracturado tras el partido del último domingo-, respecto de los titulares que iniciaran el cotejo frente al "Tricolor" de Munro, en el primer triunfo del año en el Nuevo Francisco Urbano (donde no se imponía desde el también domingo 8 de diciembre de 2013, en el 4 a 0 ante Flandria, cuando todo era esperanza y el promedio un angustia casi superada): en el primero de los casos, el regreso desde el arranque, pero en su puesto habitual en inferiores, como lateral por izquierda, de Matías Exequiel Orihuela, ante la suspensión por cinco amarillas de Ariel Omar Berón (originando, a su vez, el corrimiento hacia el centro de la zaga, por
primera vez en el Gallo, pero no en su carrera, de Emiliano Jonathan
Iván Mayola); y por el otro, la vuelta de Martín Gastón Sánchez, tras cumplir la fecha de suspensión por acumulación de tarjetas amarillas, en reemplazo de un Luis Hernán Ferreyra, cuya actuación frente a Colegiales, no convenciera a Salvador Pasini, razón que originara su reemplazo en el entretiempo de dicho encuentro
En consecuencia, y con la baja adicional y obligada de Gerardo Daniel Martínez, quien frente a los de Munro recibiera la décima amonestación acumulada, en el término de dos meses, desde el cumplimiento de la sanción por las primeras cinco tarjetas amarillas, este Morón de Salvador Antonio Aurelio Pasini, que necesita de mejores rendimientos, pero en especial de buenos resultados, viajará hasta Agronomía para enfrentar a Comunicaciones, en el "Estadio Alfredo Ramos", este sábado desde las 15.30, sin televisación en vivo y el arbitraje de Carlos Horacio Stoklas, en el marco de la 35º fecha del torneo de la primera "B" Metropolitana, temporada 2013/2014.
De esta manera y con una nueva ausencia obligada de Alejandro Esteban "Chiche" Migliardi, intervenido quirúrgicamente con éxito de su "maldita" rodilla, cuya recuperación le demandará no menos de un mes, los once del Gallo que afrontarán el tercer cotejo en la "era Pasini", serán los siguientes: Juan Cruz Leguizamón; Esteban Gabriel Giambuzzi, Ariel Otermín, Emiliano Jonathan Iván Mayola, Matías Exequiel Orihuela; Martín Gastón Sánchez, Martín Rodrigo Granero (cuatro amarillas), Dante Martín Zúñiga, Mariano Omar Barbieri; Damián Emilio Akerman (capitán), Mariano Matías Martínez.
Completan el listado de concentrados, tras el último entrenamiento del viernes Santo, en el Nuevo Francisco Urbano: Fabián Zalazar, Gonzalo Nicolás Juárez, Luis Hernán Ferreyra, Hernán Gonzalo Parentini, Rodrigo Basualdo, Víctor David López, Esteban Alberto González y Pablo David Vacaría; uno de los cuales, quedará marginado de los definitivos "dieciocho".
A seguir sumando, Gallito... Sólo eso importa.
lunes, 14 de abril de 2014
Morón 2 - Colegiales 0: “San Salvador” y el milagro…
"Esto es un mundial, dos meses antes, y que dura
mes y medio. Primera etapa, partido a partido…”, afirmaba el
flamante director técnico del Gallo, Salvador Antonio Aurelio Pasini, tras su
primer entrenamiento con sus nuevos dirigidos, y en su contacto inicial con los
medios de prensa partidarios.
En efecto, curtido en el rol de “piloto de tormentas” y a la vez “bombero”,
el “Tano” supo antes de conocer los rostros cabizbajos de un alicaído plantel
del Deportivo Morón (que venía de una debacle sin final, de 5 puntos sobre 30
posibles, desde el reinicio del torneo en 2014), que la tarea no sería nada
sencilla y que debía recuperar cuanto antes la confianza en sus entrenados, al
mismo tiempo de recrear la esencia de equipo perdida en algún rincón de la
pretemporada en Campana.
Para lo cual y sin tiempo suficiente para los “escarceos” preliminares,
el “Tano” Salvador Pasini, "viejo zorro" curtido en mil batallas de la “B”
Metro, necesitaba contar con algún guiño inicial de la suerte, para que los
primeros resultados acompañaran de inmediato, las urgencias de un equipo a
pasos del descenso y con tan sólo diez fechas por delante.
“Si llegamos a últimas instancias, iremos por la
ilusión. Primero hay que meter el primero, antes del segundo. Estoy
ilusionado…”. Y así habría de dársele inicialmente, hasta con la complicidad
impensada del factor climático, que suspensión frente a Témperley mediante,
redundaría en tres días más de “gracia” antes del debut, para duplicar la
cantidad final de ensayos futbolísticos, y el consecuente beneficio en materia
de conclusiones preliminares sobre la actualidad de sus dirigidos, y la
valoración cualitativa y cuantitativa del plantel con el que encararía el
“mundial” de nuestra permanencia.
"Los jugadores deben crecer, hablé MUCHO con
ellos. Tenemos buen plantel, NO equipazo. Hay que lograr EQUIPO. Es la clave. Yo
quisiera que el equipo aparezca el sábado. Y sí, soy loco…”. Y el equipo no
habría de aparecer el sábado, dada la suspensión ante el “Gasolero”, y a cuenta
gotas, durante el segundo tiempo del cotejo frente a Tristán Suárez, escasas 96
horas más tarde. Pero lo más importante, aparecería el primer resultado, con el
postrero triunfo en Ezeiza, luego de seis largos años sin alegrías en un
terreno otrora amigable, para cortar la nefasta racha matemática de 5 sobre 30
y, fundamentalmente, la sensación interna y externa de un plantel que parecía
haberse acostumbrado a convivir plácida y resignadamente con la derrota.
“El que se quede quieto, no juega. Los quiero
solidarios. Necesitamos que entiendan el objetivo. Tienen que saber donde
están, es una institución RICA en gente…”. Y quizá allí habría de notarse el primer
cambio de un equipo, hasta la llegada de Salvador Pasini, apático, sin
respuesta y muchas veces hasta displicente dentro de la cancha, o por lo menos,
para el afuera, en ocasiones ajeno a la intensidad con que deben jugarse estas
instancias, desde la respuesta anímica como motor de los impulsos musculares.
En sus primeros tres puntos, en el “20 de Octubre” de Ezeiza, al cabo
de una primera etapa donde el empate en cero resultaba negocio para el Gallo,
no sólo desde lo numérico, sino fundamentalmente desde el trámite de un
encuentro, absolutamente adverso y sólo sustentado en la gran labor (una vez
más) de Juan Cruz Leguizamón, el “Tano” comenzaría a evidenciar las diferencias
de contar con uno de esos técnicos de experiencia, capaces de “ganar” un
partido en el vestuario, a partir de una correcta lectura de los hechos y la
puesta en marcha de decisiones táctica acertadas y oportunas que, sustituciones
nominales mediante, modifiquen positivamente el desempeño de sus dirigidos y en
definitiva, el trámite y resultado final del cotejo.
“El más comprometido jugará. Quiero que me defiendan
en el campo de juego, AFUERA NO. Se ponen la camiseta y jueguen a muerte…”. Y entre tanta
declaración pública de ocasión y “políticamente correcta”, vertida hasta el
hartazgo en los últimos meses, pero jamás correspondida por las manifestaciones
futbolísticas de los propios protagonistas, dentro de los diferentes campos de
juego transitados en dicho lapso; evidentemente, el mensaje del entrenador hubo
de resultar tan claro como contundente, puesto que frente a Colegiales el Gallo
adoleció de la misma anomia futbolera que lo aquejara desde la vuelta de sus
vacaciones, pero cuanto menos volvió a presentar las renovadas credenciales de
un equipo comprometido con el objetivo y “vivo” en la contienda, en particular,
en los segundos ’45 y tras otro buen “shampoo” marca “Pasini”.
En efecto, tras una primera etapa para el olvido, en el marco de un
partido decididamente espantoso, Morón resucitaría en el complemento y saldría
a imponer condiciones, con el objeto de ganar la segunda batalla de las nueve
que le restaban, frente a un rival tan molesto como complicado, que le había
cortado los circuitos de juego en el primer tiempo, así como robado la pelota y
el escaso protagonismo, dentro de un trámite más que pobre.
Sustentado en la actualidad, condiciones y proyección de un enorme
arquero como Juan Cruz Leguizamón, que habría de intervenir poco, pero
acertadamente, en especial para desviar con la yema de los dedos de su mano
derecha, un remate furibundo desde fuera del área y que, con la “chapa” en
cero, podría haber cambiando radicalmente el rumbo del encuentro, en especial,
para un equipo que ha demostrado tolerancia cero al imprevisto y la desventaja pasajera.
Con un defensa de cuatro con altibajos, con el punto más alto en Ariel
Otermín y el más bajo en el reingresado Esteban Gabriel Giambuzzi, y regulares
tareas de Ariel Omar Berón y Emiliano Jonathan Iván Mayola, el “Tricolor” no
habría de inquietar demasiado a la última línea del Gallo, pero sí de complicar
en más de una ocasión, el efectivo control de los escasos y rústicos puntas del
conjunto de Munro, con especial hincapié en el “grandote” Lucas Buono, de
constante “infighting” con medio Morón, y recién neutralizado con el cambio de
marca, de Ariel Berón (ya amonestado) a su tocayo, el rubio Otermín.
En el medio, con los regresos de Martín Rodrigo Granero y Dante Martín
Zúñiga, (ambos retornados tras las fechas de suspensión, por sus respectivas
expulsiones precedentes), podía presumirse un mayor control del centro del
campo, en comparación con lo visto en ausencia del doble cinco habitual y de
mejor rendimiento en el torneo. Sin embargo, la multitud de camisetas
“tricolores” que dispondría el esquema táctico de Néstor “Coqui” Ferraresi,
haría que la mitad del campo se convirtiese en un auténtico campo de batalla, a
lo que debió sumarse, en particular durante la primera etapa, la falta de la
proyección por las bandas.
Ya en el complemento y con la salida de un sacrificado, aunque errático
e irresoluto Luis Hernán Ferreyra, y el ingreso de Gerardo Daniel Martínez, el
Gallo ganaría en control del balón y en juego asociado, puesto que el enganche
local habría de juntarse con Dante Zúñiga y Mariano Omar Barbieri, para de a
poco y trabajosamente, comenzar a generar algo de fútbol, desde los botines
coloridos y virtuosos de los volantes con mejor pie del Deportivo Morón.
En ofensiva, mientras tanto, va quedando claro que el mejor acompañante
de Damián Emilio Akerman es “colorado” y se apellida Vacaría, ya que lo de
Mariano Matías Martínez resulta cada vez más pobre e improductivo para las
necesidades y urgencias actuales del equipo. Asimismo, quizá el refuerzo venido
de Comunicaciones, hoy por hoy resulte el socio ideal para el definitivo e
imprescindible retorno goleador del máximo artillero histórico, en tanto y en
cuanto parece el indicado para realizar el trabajo “sucio” de desgaste con los
defensores rivales, a fin de generar los espacios necesarios para que Damián cuente
con más y mejores ocasiones y, en definitiva, facture más seguido.
"Soy entusiasta, hago todo 'a full' y eso me
lleva a ser frontal. Yo digo lo que siento, son 10 finales MUY difíciles…”. Y este Deportivo
Morón de Salvador Pasini, ya se aseguró las primeras dos, con menos de quince
días de trabajo, desde su apresurada asunción, tras el demorado alejamiento de
Mario Darío Grana, con la derrota en el “Carlos Barraza” de Pilar y el
lacerante cántico de “se van para la ‘C’”, en boca de la escasa parcialidad del
humilde y sorprendente Fénix, hasta hace poco tiempo atrás, acostumbrada a las
desafiliaciones en la única categoría amateur del fútbol argentino.
“Vine a poner el pecho. Me importa sólo la gloria…”. Y hoy la “gloria”
implica, primordialmente, salvarse del descenso, para luego y con la
tranquilidad de espíritu que matemáticamente aún no tenemos, darle una “muerte”
violenta a la calculadora, y tal vez comenzar a ilusionarnos con el ingreso al
reducido, y la vuelta de los sueños rotos a comienzos de 2014.
Van dos de diez…, y quedan ocho. A jugar el “mundial” con renovada fe,
que “San Salvador” Pasini parece haber comenzado a operar el milagro.
"HAGAN LIO".
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