Hay formas y formas de perder un partido.
Que Morón perdiera en Caseros (2 a 0) era una posibilidad concreta, por la rivalidad que existe (más del lado de Estudiantes) y porque siempre resulta un rival y un reducto complicado para todos, no sólo para el Gallo.
Pero lo que duele es la forma en que el equipo de Walter Otta dejó tres puntos vitales en el camino, en su visita al "Pincha", mostrando una vez más la peor de sus "caras", esa que varias veces manifestó de visitante y que por lo general, lo devolviera al Oeste con las manos vacías.
Y es que más allá del "mal de ausencias", con Mauro Burruchaga, Juan Manuel Olivares y Joaquín Livera suspendidos y la lesión de Gastón González, Morón no tuvo el carácter que requieren esta clase de partidos, donde se juega nada menos que la posiblidad cierta de jugar la final por un ascenso a la máxima categoría, el sueño más preciado de los hinchas (máxime, de quienes por su edad, no pudieron verlo en su único y fugaz paso por primera división, hace nada menos que 57 años, coincidente con la llegada del hombre a la Luna), pero también la ambición profesional más importante, de esas que graban apellidos a fuego en la historia y la memoria colectiva.
Y es allí donde queda demostrado, algo que suele pasar en la vida, en todos los ámbitos, sin excepción, con protagonistas que están a la altura de las circunstancias y otros que distan mucho de estarlo, o quizás terminar de comprender cabalmente lo que está en juego, porque más allá de malos partidos y flojísimos rendimientos individuales (algunos de ellos repetidos durante toda la temporada), de otro modo no se entiende cómo un equipo que marcha segundo en la tabla y necesita ganar como sea, para mantenerse en carrera por ese sueño, no salga a la cancha a imponer condiciones, por juego o aunque sea de "guapo", revalidando su condición de "candidato", "vendiendo cara su derrota", en el caso que la suerte le resulte esquiva.
Porque se puede ganar, empatar o perder los partidos, pero mostrando carácter y sin "guardarse nada", por "prepotencia" de ganas, empuje o ambición de quedar en la historia, si es que el fútbol no acompaña o faltan varios intérpretes de esos que evidentemente resultan indispensables e irremplazables.
Y es que Morón paseó por Caseros su peor imagen, la de un equipo sin alma, que no pareció en ningún momento ser el escolta del puntero, a tres unidades de distancia, antes del inicio del partido.
La verdad es que Ferro tampoco es gran cosa y aunque parezca mentira, todavía hay chances matemáticas de alcanzar el máximo objetivo, o al menos, conseguir la mejor ubicación posible, de cara a un Reducido por el segundo ascenso.
Pero el problema no está en Caballito, ni en Godoy Cruz (que hasta puede quedarse con la zona, de "arrebato"), el verdadero problema es el propio Morón, donde algunos de sus interlocutores parecen no comprender o hallarse a la altura de lo que se está jugando.
Tan sencillo y trascendente como la "gloria", ese valor abstracto que dura para toda la vida y divide dramáticamente al jugador promedio de los campeones para siempre.
Habrá que ganar el próximo domingo a Mitre, en el Oeste, algo factible, pero fundamentalmente, deberá trabajarse sobre algo no tan simple, como lo es el carácter, la ambición y la decisión personal y colectiva de quedar en la historia.
De ese convencimiento personal y de conjunto, dependerá la suerte de la ilusión compartida, al final de este camino.
Dejando todo, en cada pelota (más allá de limitaciones y virtudes) jamás habrá reproche alguno.
De nadie. Ni adentro. Ni afuera.
El desafío está planteado. Y aunque parezca mentira, todavía se está a tiempo.
No siempre se tiene la oportunidad (en la vida y en cualquier ámbito) de alcanzar la propia "gloria".
La "gloria o Devoto", decía mi abuelo.
@elgallogustavo.
📷: Deportivo Morón.






