Tras el triunfo en gran forma, frente al líder, Defensores de Belgrano, con el sorprendente gol de su arquero, Carlos David Morel, para este Gallo en racha (lleva siete sin perder, con cuatro triunfos y tres empates), no existe demasiado tiempo ni para el festejo, ni mucho menos para el descanso, ya que este viernes, a partir de las 15, deberá revalidar su buen momento ante Villa San Carlos, de opaco desempeño en el campeonato, pero mejor rendimiento en el "Genacio Sálice", con el arbitraje de Martín Gonaldi y la televisación en vivo de "Pacífico TV Morón", a través de su canal exclusivo de YouTube, en el marco de la 30° fecha de la Primera "B".
Con tres modificaciones, respecto del once inicial frente al "Dragón", a partir de los regresos del capitán, Emiliano Mayola, ausente a último momento el pasado sábado, a consecuencia de una molestia muscular registrada durante el calentamiento, y de Leonel Altobelli, aquejado de un fuerte estado gripal y febril, en las horas previas al choque con el único líder, en lugar de Carlos Ramos y Junior Mendieta, respectivamente, éste último expulsado por Ignacio Lupani, la jornada pasada; a quienes deberá sumarse el regreso de Cristian Lillo (en reemplazo de Mauro Montenegro), luego de cumplir la fecha de suspensión, por arribar ante Barracas, al límite reglamentario permitido de cinco tarjetas amarillas, los titulares del Gallo que intentarán traerse los tres puntos de Berisso, serán los siguientes: Carlos David Morel; Cristian Jesús Broggi, Nicolás Miguel Gásperi, Emiliano Jonathan Iván Mayola (cuatro amonestaciones), Ariel Otermín (cuatro amarillas); Cristian Román Yassogna, Cristian Damián Lillo, Federico Domínguez, Adrián Maximiliano Peralta; Víctor Leonel Altobelli, Diego Alfonso Barrios Suárez.
Completan el listado de convocados por Blas Armando Giunta, quienes habrán de reunirse en el Nuevo Francisco Urbano, a media mañana: Cristian Pelozo, Carlos Alberto Ramos, Rodrigo Nahuel Lemos Argañaraz, Mauro Emiliano Montenegro, Jorge Ferrero, Lucas Sebastián Nanía, Imanol Varela y Santiago De Ossa Tobón, uno de los cuales quedará afuera de los dieciocho.
En Berisso, frente a la "Villa", por un nuevo triunfo que confirme rumbos, consolide rendimientos y "alimente" ilusiones.
Y para que el Oeste siga de fiesta y vaya patentando un hashtag... #PermisoParaSoñar.
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
Foto: gentileza, Osvaldo Abades (h).
jueves, 20 de agosto de 2015
sábado, 15 de agosto de 2015
El Gallo se "fumó" un "Dragón"..., y que pase el que sigue.
Y Morón fue fiel a su historia, lejana y reciente, aquella que marca que, tanto en el Viejo como en el Nuevo Francisco Urbano, siempre se caracterizó por "bajar" punteros y "desmoronar" rachas ajenas.
En este caso, y tras la salida de un bellísimo sol de invierno, tan necesario luego de una semana de muchísima agua y inundaciones en cuarenta distritos de la provincia de Buenos Aires, el mismo brillo del deseado "Febo" hubo de trasladarse al campo de juego, para que este sorprendente Morón de Blas Armando Giunta, confirme y profundice todo lo bueno evidenciado en las últimas fechas, prolongando su actual invicto a siete pleitos sin derrotas, merced a un "triunfazo" sin atenuantes ante el líder del torneo, al cual superó en todos los aspectos del juego, para por momentos "pasarlo por encima", y sin embargo terminar sufriendo de manera injusta, una victoria que mereció concretarse mucho antes y por un margen más amplio que la mínima diferencia.
Es que este Gallo renovado de las últimas diez fechas (desde la derrota en casa, con el "karma" de Villa Crespo), ha sabido recuperarse semana tras semana, más allá de los resultados finales circunstanciales, para ir erigiéndose en un equipo sólido, compacto, ordenado, equilibrado y fundamentalmente, solidario, factores que lo fueron llevando a un crecimiento progresivo y exponencial, en lo individual y también lo colectivo, algo realmente impensado, hace tan sólo una decena de encuentros mediante.
Y ocurre que Morón recibía al cómodo puntero del campeonato, Defensores de Belgrano, con la impronta propia de un elenco visitante deslucido aunque muy efectivo, de indudable trabajo táctico en las últimas tres temporadas, lapso durante el cual han venido solidificando como conjunto, una idea de juego amarreta pero pródiga en resultados, de basal fortaleza en materia de "pelota parada" y una eficacia casi perfecta a la hora de cerrarse en defensa, ante la mínima diferencia.
Pues ante ese conjunto de Rodolfo Della Picca, que hasta este soleado sábado en el Nuevo Francisco Urbano, sólo había caído en un par de oportunidades, un Gallo diezmado desde la previa, con las vitales ausencias de Cristian Lillo (suspendido), Jonatan Páez (lesionado), Leonel Altobelli (engripado) y hasta de su capitán, Emiliano Mayola, excluido minutos antes del comienzo del partido, debido a una molestia registrada en el calentamiento; sin embargo supo sobreponerse a este auténtico "mal de ausencias", y suplir con temple, corazón y la dosis de fútbol más convincente vista hasta el momento, para redondear la mejor actuación en todo el campeonato (y eso que provenía en escala ascendente, desde hace un puñado de fechas a esta parte), y de esta forma, alcanzar un triunfo determinante, merecido y hasta exiguo, dada la superioridad sin atenuantes de un Morón, que redujo a la mínima expresión al único líder, y que debió plasmar ese predominio en un resultado mucho más amplio, de no mediar las intervenciones de Albano Anconetani, el travesaño y la escasa contundencia de la "remendada" delantera local, como para mantener "en partido" al Dragón, hasta el pitazo final.
Y es que este ambiocioso Morón, nada tiene que ver con aquél conjunto timorato y mezquino de la primera parte del actual campeonato, porque hoy afortunadamente sale a buscar su destino desde el minuto cero, tanto de local como de visitante, y aunque enfrente se halle el único líder del certamen, al que habría de "atorar" bien arriba, en procura del yerro ajeno y, al mismo tiempo, le cortaría todos los circuitos futbolísticos en el medio, venciéndolo sin atenuantes también en la "batalla del doble cinco".
En efecto, en otro gran partido de Junior Mendieta, quien habría de "cargarse al hombro" el desequilibrio ofensivo, la búsqueda "implacable" del Gallo le reportaría dividendos a pocos instantes de iniciado el cotejo, merced a un par de buenas intervenciones de Diego Barrios Suárez, en su mejor cotejo por escándalo, desde su opaca vuelta para la presente temporada de la "B" Metro.
Así las cosas, antes de la media hora inicial de juego, el Deportivo Morón ya le había generado al "Dragón" no menos de tres o cuatro situaciones clarísimas de gol, no concretadas por un mix de razones combinadas, entre las manos del inoxidable Anconetani, la intervención provindecial del travesaño y la falta de puntería propia, en el mejor lapso del equipo de Giunta en toda la presente temporada, durante el cual habría de apabullar y "barrer" literalmente a la visita del Nuevo Francisco Urbano, al tiempo de asfixiarlo contra su arquero (que agotó los recursos lícitos y no tanto, a fin de perder minutos y "enfriar" el partido ante el aluvión local), mientras sus compañeros se dedicaban a recurrir al juego brusco (con la llamativa complacencia de Ignacio Lupani, de irritante y tendencioso arbitraje) y a "revolearla" lo más alto y lejos posible.
Es que, para que ello ocurra, Morón habría de derrotar a Defensores de Belgrano, en su terreno más propicio, esto mes, la supremacía en las "pelotas paradas" y en la "cancha de arriba", cabeceando mucho y bien en ambas áreas, donde se destacarían Barrios Suárez y Cristian Yassogna en ataque, así como Cristian Broggi, Nicolás Gásperi y Ariel Otermín en defensa, sobresaliendo en la acertada tarea de este último (dentro de una sólida, concentrada e impecable labor de toda la última línea, incluido Carlos Ramos, el reemplazante de emergencia de Mayola), la renovada certidumbre que su "lugar en el mundo" es la zaga, y no el lateral izquierdo, función que cumple por disciplina colectiva y en ausencia de un marcador de punta natural de perfil zurdo.
Asimismo, el Gallo se impondría claramente en la "batalla de los medios", a partir de un solidario y parejo encuentro de su línea de volantes completa, con el despliegue generoso de siempre de Yassogna (esta vez, más ordenado y prolijo tácticamente), una nueva demostración del sacrificio y el potencial del "Rolfi" Mauro Montenegro, que en combinación con el encomiable desdoblamiento defensivo-ofensivo de Federico Domínguez, en el rol y lugar del terreno que mejor le sientan, para explotar sus notables condiciones futbolísticas (ahora potenciadas por una gran cuota de entrega), entre estos últimos habrían de "borrar" a Juan Manuel Sosa y Nahuel Fioretto, con el aporte por izquierda del "Kily" Peralta, de buen desempeño en su regreso.
Aunque pudo, debió y mereció largamente retirarse al entretiempo, con dos y hasta tres goles arriba, el cero a cero parcial marcaba la fortuna de un líder del torneo impotente, superado claramente en lo individual y de conjunto, y en las evidentes falencias ofensivas de un Gallito, que genera las ocasiones, pero pocas veces las resuelve acertadamente, máxime sin su goleador, Leonel Altobelli, en cancha.
Ya en el complemento, y cuando más de uno de los asistentes al encuentro, comenzaba a añorar las múltiples oportunidades perdidas, antes de los diez del segundo tiempo, una clara mano en el área, luego de un remate al arco de Barrios Suárez, determinarían la inapelable sanción de un penal a favor del Gallo que, a la sazón, resultaría la única determinación para el local, de un Lupani que de allí y hasta el final, se dedicaría descaradamente a "inclinar" la cancha para la visita.
Sin Toledo ni Páez disponibles, Carlos David Morel, el nuevo arquero goleador del Gallo, habría de cruzarse toda la extensión del terreno para cobrar la falta, bien definida sobre palo derecho de su colega, que prefirió jugársela por el izquierdo. Gol de Morón, para una demorada y largamente justificada ventaja parcial, y también para el desahogo hecho grito de todo el público de Morón.
Tan sólo un par de minutos más tarde, Mendieta contaría con la chance inmejorable de liquidar el cotejo, pero entre una floja definición del chajariense y la virtud de Anconetani, habrían de mantener en partido a Defensores de Belgrano, que intentó revertir la historia, de allí en adelante, a partir de su mayor virtud y su arma ofensiva favorita: el centro para la calva cabeza de ese molesto, pero interesante delantero, llamado Lucas Buono.
De hecho, de una pelota peinada por el propio Buono, el recién ingresado Ezequiel Aguirre, desperdiciaría la ocasión más clara de empate para la visita, con un remate mordido y esquinado, sobre palo derecho de Morel, que hubo de parar algunos corazones en el Nuevo Francisco Urbano.
De allí y hasta el final, máxime a partir de la expulsión de Junior Mendieta, por agresión mutua con Martín Iglesias, el Gallo sólo atinaría a replegarse y a "resistir" la ventaja mínima dentro de su área grande, mientras arreciaban los envíos aéreos de Defensores, en una búsqueda desesperada, encabezada por Lucas Buono, Nahuel Fioretto y hasta el árbitro del encuentro.
Con el pitazo final, se desataría el festejo y volverían a su ritmo normal los miles de corazones presentes en el Oeste, testigos de la mejor demostración futbolística y de carácter de este Morón que, con absoluta justicia y hasta suficiencia (salvo en el resultado), bajó al líder del torneo y lo redujo a "escombros", desde lo táctico, individual y colectivo.
Quién lo hubiera dicho..., hace sólo un par de meses.
Que pase el que sigue (Villa San Carlos, en Berisso).
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
Foto: gentileza, Osvaldo Abades (h).
En este caso, y tras la salida de un bellísimo sol de invierno, tan necesario luego de una semana de muchísima agua y inundaciones en cuarenta distritos de la provincia de Buenos Aires, el mismo brillo del deseado "Febo" hubo de trasladarse al campo de juego, para que este sorprendente Morón de Blas Armando Giunta, confirme y profundice todo lo bueno evidenciado en las últimas fechas, prolongando su actual invicto a siete pleitos sin derrotas, merced a un "triunfazo" sin atenuantes ante el líder del torneo, al cual superó en todos los aspectos del juego, para por momentos "pasarlo por encima", y sin embargo terminar sufriendo de manera injusta, una victoria que mereció concretarse mucho antes y por un margen más amplio que la mínima diferencia.
Es que este Gallo renovado de las últimas diez fechas (desde la derrota en casa, con el "karma" de Villa Crespo), ha sabido recuperarse semana tras semana, más allá de los resultados finales circunstanciales, para ir erigiéndose en un equipo sólido, compacto, ordenado, equilibrado y fundamentalmente, solidario, factores que lo fueron llevando a un crecimiento progresivo y exponencial, en lo individual y también lo colectivo, algo realmente impensado, hace tan sólo una decena de encuentros mediante.
Y ocurre que Morón recibía al cómodo puntero del campeonato, Defensores de Belgrano, con la impronta propia de un elenco visitante deslucido aunque muy efectivo, de indudable trabajo táctico en las últimas tres temporadas, lapso durante el cual han venido solidificando como conjunto, una idea de juego amarreta pero pródiga en resultados, de basal fortaleza en materia de "pelota parada" y una eficacia casi perfecta a la hora de cerrarse en defensa, ante la mínima diferencia.
Pues ante ese conjunto de Rodolfo Della Picca, que hasta este soleado sábado en el Nuevo Francisco Urbano, sólo había caído en un par de oportunidades, un Gallo diezmado desde la previa, con las vitales ausencias de Cristian Lillo (suspendido), Jonatan Páez (lesionado), Leonel Altobelli (engripado) y hasta de su capitán, Emiliano Mayola, excluido minutos antes del comienzo del partido, debido a una molestia registrada en el calentamiento; sin embargo supo sobreponerse a este auténtico "mal de ausencias", y suplir con temple, corazón y la dosis de fútbol más convincente vista hasta el momento, para redondear la mejor actuación en todo el campeonato (y eso que provenía en escala ascendente, desde hace un puñado de fechas a esta parte), y de esta forma, alcanzar un triunfo determinante, merecido y hasta exiguo, dada la superioridad sin atenuantes de un Morón, que redujo a la mínima expresión al único líder, y que debió plasmar ese predominio en un resultado mucho más amplio, de no mediar las intervenciones de Albano Anconetani, el travesaño y la escasa contundencia de la "remendada" delantera local, como para mantener "en partido" al Dragón, hasta el pitazo final.
Y es que este ambiocioso Morón, nada tiene que ver con aquél conjunto timorato y mezquino de la primera parte del actual campeonato, porque hoy afortunadamente sale a buscar su destino desde el minuto cero, tanto de local como de visitante, y aunque enfrente se halle el único líder del certamen, al que habría de "atorar" bien arriba, en procura del yerro ajeno y, al mismo tiempo, le cortaría todos los circuitos futbolísticos en el medio, venciéndolo sin atenuantes también en la "batalla del doble cinco".
En efecto, en otro gran partido de Junior Mendieta, quien habría de "cargarse al hombro" el desequilibrio ofensivo, la búsqueda "implacable" del Gallo le reportaría dividendos a pocos instantes de iniciado el cotejo, merced a un par de buenas intervenciones de Diego Barrios Suárez, en su mejor cotejo por escándalo, desde su opaca vuelta para la presente temporada de la "B" Metro.
Así las cosas, antes de la media hora inicial de juego, el Deportivo Morón ya le había generado al "Dragón" no menos de tres o cuatro situaciones clarísimas de gol, no concretadas por un mix de razones combinadas, entre las manos del inoxidable Anconetani, la intervención provindecial del travesaño y la falta de puntería propia, en el mejor lapso del equipo de Giunta en toda la presente temporada, durante el cual habría de apabullar y "barrer" literalmente a la visita del Nuevo Francisco Urbano, al tiempo de asfixiarlo contra su arquero (que agotó los recursos lícitos y no tanto, a fin de perder minutos y "enfriar" el partido ante el aluvión local), mientras sus compañeros se dedicaban a recurrir al juego brusco (con la llamativa complacencia de Ignacio Lupani, de irritante y tendencioso arbitraje) y a "revolearla" lo más alto y lejos posible.
Es que, para que ello ocurra, Morón habría de derrotar a Defensores de Belgrano, en su terreno más propicio, esto mes, la supremacía en las "pelotas paradas" y en la "cancha de arriba", cabeceando mucho y bien en ambas áreas, donde se destacarían Barrios Suárez y Cristian Yassogna en ataque, así como Cristian Broggi, Nicolás Gásperi y Ariel Otermín en defensa, sobresaliendo en la acertada tarea de este último (dentro de una sólida, concentrada e impecable labor de toda la última línea, incluido Carlos Ramos, el reemplazante de emergencia de Mayola), la renovada certidumbre que su "lugar en el mundo" es la zaga, y no el lateral izquierdo, función que cumple por disciplina colectiva y en ausencia de un marcador de punta natural de perfil zurdo.
Asimismo, el Gallo se impondría claramente en la "batalla de los medios", a partir de un solidario y parejo encuentro de su línea de volantes completa, con el despliegue generoso de siempre de Yassogna (esta vez, más ordenado y prolijo tácticamente), una nueva demostración del sacrificio y el potencial del "Rolfi" Mauro Montenegro, que en combinación con el encomiable desdoblamiento defensivo-ofensivo de Federico Domínguez, en el rol y lugar del terreno que mejor le sientan, para explotar sus notables condiciones futbolísticas (ahora potenciadas por una gran cuota de entrega), entre estos últimos habrían de "borrar" a Juan Manuel Sosa y Nahuel Fioretto, con el aporte por izquierda del "Kily" Peralta, de buen desempeño en su regreso.
Aunque pudo, debió y mereció largamente retirarse al entretiempo, con dos y hasta tres goles arriba, el cero a cero parcial marcaba la fortuna de un líder del torneo impotente, superado claramente en lo individual y de conjunto, y en las evidentes falencias ofensivas de un Gallito, que genera las ocasiones, pero pocas veces las resuelve acertadamente, máxime sin su goleador, Leonel Altobelli, en cancha.
Ya en el complemento, y cuando más de uno de los asistentes al encuentro, comenzaba a añorar las múltiples oportunidades perdidas, antes de los diez del segundo tiempo, una clara mano en el área, luego de un remate al arco de Barrios Suárez, determinarían la inapelable sanción de un penal a favor del Gallo que, a la sazón, resultaría la única determinación para el local, de un Lupani que de allí y hasta el final, se dedicaría descaradamente a "inclinar" la cancha para la visita.
Sin Toledo ni Páez disponibles, Carlos David Morel, el nuevo arquero goleador del Gallo, habría de cruzarse toda la extensión del terreno para cobrar la falta, bien definida sobre palo derecho de su colega, que prefirió jugársela por el izquierdo. Gol de Morón, para una demorada y largamente justificada ventaja parcial, y también para el desahogo hecho grito de todo el público de Morón.
Tan sólo un par de minutos más tarde, Mendieta contaría con la chance inmejorable de liquidar el cotejo, pero entre una floja definición del chajariense y la virtud de Anconetani, habrían de mantener en partido a Defensores de Belgrano, que intentó revertir la historia, de allí en adelante, a partir de su mayor virtud y su arma ofensiva favorita: el centro para la calva cabeza de ese molesto, pero interesante delantero, llamado Lucas Buono.
De hecho, de una pelota peinada por el propio Buono, el recién ingresado Ezequiel Aguirre, desperdiciaría la ocasión más clara de empate para la visita, con un remate mordido y esquinado, sobre palo derecho de Morel, que hubo de parar algunos corazones en el Nuevo Francisco Urbano.
De allí y hasta el final, máxime a partir de la expulsión de Junior Mendieta, por agresión mutua con Martín Iglesias, el Gallo sólo atinaría a replegarse y a "resistir" la ventaja mínima dentro de su área grande, mientras arreciaban los envíos aéreos de Defensores, en una búsqueda desesperada, encabezada por Lucas Buono, Nahuel Fioretto y hasta el árbitro del encuentro.
Con el pitazo final, se desataría el festejo y volverían a su ritmo normal los miles de corazones presentes en el Oeste, testigos de la mejor demostración futbolística y de carácter de este Morón que, con absoluta justicia y hasta suficiencia (salvo en el resultado), bajó al líder del torneo y lo redujo a "escombros", desde lo táctico, individual y colectivo.
Quién lo hubiera dicho..., hace sólo un par de meses.
Que pase el que sigue (Villa San Carlos, en Berisso).
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
Foto: gentileza, Osvaldo Abades (h).
viernes, 14 de agosto de 2015
...Y que se vuelvan "chamuscados" al Bajo Belgrano.
Luego del receso de quince días, en virtud de la realización de las PASO, el último domingo, vuelve el fútbol oficial de AFA y con él, se renuevan las expectativas por un Morón en levantada y un encuentro crucial para sus aspiraciones, nada menos que ante el líder del torneo, el deslucido aunque muy efectivo, Defensores de Belgrano.
En efecto, este próximo sábado, a partir de las 15.30, el Gallo recibirá al "Dragón" del Bajo Belgrano, en el Nuevo Francisco Urbano, con el arbitraje de Ignacio Lupani y la televisación en vivo de "Pacífico TV Morón", a través de su canal exclusivo de YouTube, por la 29° fecha del campeonato 2015 de la Primera "B", en un partido sin dudas vital para confirmar la actual remontada del equipo, que acumula una racha positiva de seis sin perder, pero además ofrecerá un parámetro más ajustado, para conocer dónde estamos situados y para qué estamos, en materia de objetivos y aspiraciones.
Con un cambio obligado y una duda de último momento (por el estado gripal y febril de Leonel Altobelli), respecto del once inicial que venciera en gran partido a Barracas Central, a partir de la ausencia significativa de Cristian Lillo, quien ante el "Camionero" llegara a la quinta amarilla acumulada, y que será reemplazado por Adrián "Kily" Peralta (para desempeñarse por izquierda, conformando el "doble cinco", Mauro "Rolfi" Montenegro y Federico Domínguez, ante otro partido ausente de Jonatan Páez), los titulares del Deportivo Morón que intentarán "bajar" al puntero, fiel a la costumbre histórica del Gallito, serán: Carlos David Morel; Cristian Jesús Broggi, Nicolás Miguel Gásperi, Emiliano Jonathan Iván Mayola (capitán, cuatro amonestaciones), Ariel Otermín (cuatro amarillas); Cristian Román Yassogna, Mauro Emiliano Montenegro, Federico Domínguez, Adrián Maximiliano Peralta; Junior Leandro Mendieta, Víctor Leonel Altobelli ó Diego Alfonso Barrios Suárez.
Completan el listado de convocados, quienes se reunirán en el estadio, poco antes del mediodía, a la espera del cotejo frente al duro conjunto de Rodolfo Della Picca: Cristian Pelozo, Carlos Alberto Ramos, Rodrigo Nahuel Lemos Argañaraz, Leonardo Martín Celín, Lucas Sebastián Nanía, Imanol Varela, Santiago De Ossa Tobón y Diego Alfonso Barrios Suárez ó Víctor Leonel Altobelli.
A "extinguir" al "Dragón", con el peso de la historia (la misma que marca que Morón, en dos ocasiones, condenó a Defensores de Belgrano a la Primera "C") y el "fuego sagrado" del Gallo, en materia de "bajar" líderes, máxime en el Oeste.
... Y que se vuelvan con la cola "chamuscada" al Bajo Belgrano.
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
Foto: gentileza, Osvaldo Abades (h).
En efecto, este próximo sábado, a partir de las 15.30, el Gallo recibirá al "Dragón" del Bajo Belgrano, en el Nuevo Francisco Urbano, con el arbitraje de Ignacio Lupani y la televisación en vivo de "Pacífico TV Morón", a través de su canal exclusivo de YouTube, por la 29° fecha del campeonato 2015 de la Primera "B", en un partido sin dudas vital para confirmar la actual remontada del equipo, que acumula una racha positiva de seis sin perder, pero además ofrecerá un parámetro más ajustado, para conocer dónde estamos situados y para qué estamos, en materia de objetivos y aspiraciones.
Con un cambio obligado y una duda de último momento (por el estado gripal y febril de Leonel Altobelli), respecto del once inicial que venciera en gran partido a Barracas Central, a partir de la ausencia significativa de Cristian Lillo, quien ante el "Camionero" llegara a la quinta amarilla acumulada, y que será reemplazado por Adrián "Kily" Peralta (para desempeñarse por izquierda, conformando el "doble cinco", Mauro "Rolfi" Montenegro y Federico Domínguez, ante otro partido ausente de Jonatan Páez), los titulares del Deportivo Morón que intentarán "bajar" al puntero, fiel a la costumbre histórica del Gallito, serán: Carlos David Morel; Cristian Jesús Broggi, Nicolás Miguel Gásperi, Emiliano Jonathan Iván Mayola (capitán, cuatro amonestaciones), Ariel Otermín (cuatro amarillas); Cristian Román Yassogna, Mauro Emiliano Montenegro, Federico Domínguez, Adrián Maximiliano Peralta; Junior Leandro Mendieta, Víctor Leonel Altobelli ó Diego Alfonso Barrios Suárez.
Completan el listado de convocados, quienes se reunirán en el estadio, poco antes del mediodía, a la espera del cotejo frente al duro conjunto de Rodolfo Della Picca: Cristian Pelozo, Carlos Alberto Ramos, Rodrigo Nahuel Lemos Argañaraz, Leonardo Martín Celín, Lucas Sebastián Nanía, Imanol Varela, Santiago De Ossa Tobón y Diego Alfonso Barrios Suárez ó Víctor Leonel Altobelli.
A "extinguir" al "Dragón", con el peso de la historia (la misma que marca que Morón, en dos ocasiones, condenó a Defensores de Belgrano a la Primera "C") y el "fuego sagrado" del Gallo, en materia de "bajar" líderes, máxime en el Oeste.
... Y que se vuelvan con la cola "chamuscada" al Bajo Belgrano.
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
Foto: gentileza, Osvaldo Abades (h).
jueves, 13 de agosto de 2015
miércoles, 12 de agosto de 2015
"Del amor y otros demonios"..., una reflexión sobre la pasión que nos une.
En la vida de cualquier individuo, sin dudas que existen muchos y variados tipos de amores. En efecto, el amor filial remite tal vez al primer amor y a uno de los más duraderos en el tiempo, ya que identifica el amor de un padre a su hijo y viceversa.
Asimismo, el amor fraternal se emparenta con uno de los amores quizá más nobles, como lo es aquél que se manifiesta entre hermanos, ya sean biológicos o del "corazón". De igual modo, el amor parental es el que nos acerca a los afectos familiares más entrañables, dentro del cual, tanto el paternal como el maternal, ocupan lugares destacados y de privilegio en nuestras vidas, en especial, durante los primeros años de existencia.
Más allá en el tiempo, todos hemos siquiera alguna vez, experimentado esas clases de amores relacionados con nuestra vida adulta, como el amor sensual y el amor romántico, los cuales muchas veces han de conducir al amor conyugal, y en varias otras ocasiones, también al amor extra-matrimonial o "pirata" y, eventualmente, a la separación de bienes y al divorcio vincular.
Sin embargo, dentro de este pequeño universo de amores humanos mal reseñados y sin rigor científico alguno, existe sin dudas otra clase de amor, tal vez aún no debidamente analizado por la psicología moderna, como lo constituye el amor incondicional a una camiseta, un club y unos colores.
Y es que, en este sentido, quién no ha sido culpable a lo largo de los años, de algún acto de renunciamiento, olvido, negligencia, abandono, desamor, engaño y hasta traición, en muchos de los tipos de amores reseñados anteriormente, con la única salvedad de ese otro amor aún no estudiado debidamente por la ciencia moderna, que en los hechos, constituye el más fiel de todos ellos, y del mismo modo, el más duradero e inalterable en y a pesar del tiempo.
En efecto, y por citar sólo un ejemplo, no habría amor posible de naturaleza e índole alguna, capaz de soportar más de veinticinco años sin "alegrías", y sin embargo, en el caso particular de este amor por una camiseta, un club y unos colores, esa relación amorosa sin par, no sólo que resulta la única en condiciones de resistirlo sin engaños ni renuncio alguno, sino que además, lejos de esmerilar o desgastar dicho amor, lo afirma, profundiza y potencia de manera exponencial, generando un vínculo excepcional, aunque los sinsabores perdurasen hasta el fin de los días, en coincidencia con nuestro último suspiro vital.
Tanto es así, que en materia conyugal, un matrimonio de estas características extraordinarias, hasta podría ser invalidado de manera legal, en la propia justicia, invocando causales de disolución marital efectivas, devenidas de la falta evidente de consumación del vínculo elemental entre esposos. Por el contrario, dentro de este amor sin igual, ni pasible de análisis cientificista posible, cualquiera de nosotros ha sido capaz de consumar ese amor, desde mucho tiempo antes de cualquier alegría circunstancial, en el marco de un "metejón" a primera vista e irracional, nacido de las propias "tripas" y atesorado en el refugio más recóndito y entrañable del mismísimo corazón humano.
Y es que, en materia de "amores", quién más, quién menos..., todos hemos sido capaces, alguna vez en nuestras vidas, de generar desamores, engaños y hasta traiciones, salvo cuando se trata de ese sentimiento excepcional e inalterable, que sin ninguna duda, a la luz de los hechos, máxime durante los últimos veinticinco años de existencia, constituye el único de los "verdaderos" amores, capaz de mantenerse incondicional y fiel, sin importar los sinsabores, las lágrimas e incluso los desengaños y frustraciones repetidas.
Porque "amores", a lo largo de nuestras vidas, podrán existir muchos y de las más diversas naturalezas y variadas formas, aunque solo uno, tal vez el menos atendido por la ciencia moderna, será el único que resista al tiempo, los fracasos compartidos y hasta a nosotros mismos: el sentimiento más puro y noble que exista, nacido del desprendimiento y el desinterés absoluto y colectivo.
Y ese amor genuino y eterno, en nuestro caso, tiene la forma de un Gallo. Y ese amor inconmensurable y de por vida, lleva los colores rojo y blanco.
El Deportivo Morón, señores..., de los más grandes amores de nuestras vidas.
Por más que "vengan degollando" y aunque nunca salgas campeón..., "yo te quiero, che Morón"... "A vos te sigo, vos sos mi vida".
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
Asimismo, el amor fraternal se emparenta con uno de los amores quizá más nobles, como lo es aquél que se manifiesta entre hermanos, ya sean biológicos o del "corazón". De igual modo, el amor parental es el que nos acerca a los afectos familiares más entrañables, dentro del cual, tanto el paternal como el maternal, ocupan lugares destacados y de privilegio en nuestras vidas, en especial, durante los primeros años de existencia.
Más allá en el tiempo, todos hemos siquiera alguna vez, experimentado esas clases de amores relacionados con nuestra vida adulta, como el amor sensual y el amor romántico, los cuales muchas veces han de conducir al amor conyugal, y en varias otras ocasiones, también al amor extra-matrimonial o "pirata" y, eventualmente, a la separación de bienes y al divorcio vincular.
Sin embargo, dentro de este pequeño universo de amores humanos mal reseñados y sin rigor científico alguno, existe sin dudas otra clase de amor, tal vez aún no debidamente analizado por la psicología moderna, como lo constituye el amor incondicional a una camiseta, un club y unos colores.
Y es que, en este sentido, quién no ha sido culpable a lo largo de los años, de algún acto de renunciamiento, olvido, negligencia, abandono, desamor, engaño y hasta traición, en muchos de los tipos de amores reseñados anteriormente, con la única salvedad de ese otro amor aún no estudiado debidamente por la ciencia moderna, que en los hechos, constituye el más fiel de todos ellos, y del mismo modo, el más duradero e inalterable en y a pesar del tiempo.
En efecto, y por citar sólo un ejemplo, no habría amor posible de naturaleza e índole alguna, capaz de soportar más de veinticinco años sin "alegrías", y sin embargo, en el caso particular de este amor por una camiseta, un club y unos colores, esa relación amorosa sin par, no sólo que resulta la única en condiciones de resistirlo sin engaños ni renuncio alguno, sino que además, lejos de esmerilar o desgastar dicho amor, lo afirma, profundiza y potencia de manera exponencial, generando un vínculo excepcional, aunque los sinsabores perdurasen hasta el fin de los días, en coincidencia con nuestro último suspiro vital.
Tanto es así, que en materia conyugal, un matrimonio de estas características extraordinarias, hasta podría ser invalidado de manera legal, en la propia justicia, invocando causales de disolución marital efectivas, devenidas de la falta evidente de consumación del vínculo elemental entre esposos. Por el contrario, dentro de este amor sin igual, ni pasible de análisis cientificista posible, cualquiera de nosotros ha sido capaz de consumar ese amor, desde mucho tiempo antes de cualquier alegría circunstancial, en el marco de un "metejón" a primera vista e irracional, nacido de las propias "tripas" y atesorado en el refugio más recóndito y entrañable del mismísimo corazón humano.
Y es que, en materia de "amores", quién más, quién menos..., todos hemos sido capaces, alguna vez en nuestras vidas, de generar desamores, engaños y hasta traiciones, salvo cuando se trata de ese sentimiento excepcional e inalterable, que sin ninguna duda, a la luz de los hechos, máxime durante los últimos veinticinco años de existencia, constituye el único de los "verdaderos" amores, capaz de mantenerse incondicional y fiel, sin importar los sinsabores, las lágrimas e incluso los desengaños y frustraciones repetidas.
Porque "amores", a lo largo de nuestras vidas, podrán existir muchos y de las más diversas naturalezas y variadas formas, aunque solo uno, tal vez el menos atendido por la ciencia moderna, será el único que resista al tiempo, los fracasos compartidos y hasta a nosotros mismos: el sentimiento más puro y noble que exista, nacido del desprendimiento y el desinterés absoluto y colectivo.
Y ese amor genuino y eterno, en nuestro caso, tiene la forma de un Gallo. Y ese amor inconmensurable y de por vida, lleva los colores rojo y blanco.
El Deportivo Morón, señores..., de los más grandes amores de nuestras vidas.
Por más que "vengan degollando" y aunque nunca salgas campeón..., "yo te quiero, che Morón"... "A vos te sigo, vos sos mi vida".
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
sábado, 1 de agosto de 2015
En búsqueda de su "destino"..., un paso adelante.
Hasta este mediodía, en la previa de su visita a Olavarría y Luna, el Gallo no perdía, puesto que provenía de cinco partidos sin derrotas, pero tampoco ganaba, ya que luego de los dos triunfos iniciales (ante la UAI Urquiza y nada menos que Almirante Brown, en Isidro Casanova), hilvanaba tres igualdades consecutivas (Estudiantes de Caseros, Riestra y Acassuso), con igual cantidad de goles a favor y en contra, en esos '270 efectivos: esto es, sólo UNO.
En el marco de una "levantada" innegable, que en rigor de verdad, venía dando indicios desde partidos previos al final de la primera rueda, a excepción de la derrota dolorosa (en el trámite, más que en el resultado) frente al humilde Deportivo Merlo, y anclado en un rendimiento colectivo in crescente, con algunos puntos individuales destacados, pero solventado en una progresiva mejora de conjunto, este equipo de Blas Armando Giunta ha ido reconstituyéndose a sí mismo, prácticamente desde cero, hasta ir adquiriendo una fisonomía más parecida a aquél EQUIPO de comienzos del "ciclo Giunta", a mediados de la temporada precedente, que sin brillar ni muchísimo menos, se caracterizaba por su orden, solidaridad, sacrificio y contundencia para ganar sus partidos con autoridad y merecimientos suficientes.
Sin embargo, en las últimas jornadas, habíamos ya subrayado este crecimiento en el rendimiento colectivo, aunque de manera despareja en todas sus líneas, dada la consolidación de una defensa otrora vulnerable, y ahora sólida y concentrada los '90, comenzando por la seguridad irradiada desde el propio arco por Carlos Morel, y prolongada en una última línea de cuatro centrales, que supo combinar la regularidad de Emiliano Mayola, con la sobriedad de Nicolás Gásperi y la grata sorpresa de Cristian Broggi, más allá de los altibajos de Ariel Otermín, cada partido más "contagiado" por la efectividad de sus compañeros.
En el medio, en igual lapso y más allá de eventuales triunfos, empates o incluso derrotas, ha resultado más que evidente el crecimiento exponencial de Cristian Lillo, primer defensor a la hora del repliegue y también el primer atacante, al momento de recuperar el balón y dar el pase inicial ofensivo, siempre bien secundado por Jonatan Páez (ausente por lesión, frente a Barracas), pero de indudable importancia, en cada cotejo en cancha, además de la prodigalidad y sacrificio táctico habituales en Cristian Yassogna, y el inesperado pero afortunado regreso a la consideración de Mauro Montenegro, convertido en la "rueda de auxilio" y el suplente "número uno", toda vez que en los últimos partidos, el mediocampo del Gallito se ha podido ver resentido por la ausencia obligada de los antedichos y, sin embargo, no ha ocurrido por el "reestreno" de Montenegro en este equipo.
Y tal vez allí, comenzarían los mayores déficits de este conjunto de Blas Giunta, que básicamente se hallan centrados en la generación de juego asociado en el medio y de claridad y contundencia en los últimos metros, a pesar de otra irrupción impensada hace tan sólo una decena de cotejos, y que tiene que ver con la inclusión y consolidación en el primer equipo, de esa auténtica "bocanada de aire fresco", llamada Junior Mendieta, erigido por absoluto mérito propio y "prepotencia de talento", en la pieza ofensiva más desequilibrante de este momento del Deportivo Morón.
Claro que, la falta de fútbol en este equipo, muchas veces ha tenido que ver con la ausencia de variedad de interlocutores válidos, claro está, pero también es cierto que en otras tantas ocasiones, ha estado emparentada con decisiones tácticas erróneas o necesidades prosaicas circunstanciales, dentro de un plantel antes numeroso y ahora no tanto, pero siempre escaso de variantes de calidad para la generación de juego y la efectividad en el arco contrario.
Así y todo, con mayores momentos de lucidez o "lagunas" de irregularidad mediante, el único protagonista capaz de "hacer jugar" a sus compañeros, ha sido y seguramente lo seguirá siendo, hasta el final del presente torneo, el cordobés Federico Domínguez, demasiadas veces restringido por decisiones tácticas, a transitar la franja izquierda del mediocampo, cuando lo mejor de su repertorio, sin dudas, ha sido visto partiendo desde el centro, con libertad para "flotar" por delante del "doble cinco" e hilvanar sociedades con los puntas o encarar en intentos individuales, en base a una admirable y desusada habilidad para la gambeta en velocidad (algunas veces, y como todo talentoso, pagando el pecado venial de "hacer una de más").
De hecho, y en el triunfo por dos a cero frente a Barracas, en Olavarría y Luna, "Fede" Domínguez, un auténtico "Kung Fu" en materia de generación de fútbol, dentro de este austero aunque solidario Deportivo Morón, habría de salirse varias veces del "libreto" técnico, para explotar mejor sus potencialidades y manejar los "hilos" de una visita que, a la vieja usanza de los primeros tiempos del "ciclo Giunta", ejercería una presión bien alta sobre su rival para, una vez conseguido el balón, administrarlo en base a la ductilidad del "David Carradine" del Oeste, para generar a su vez, virtuosos encuentros futbolísticos con Leonel Altobelli, Mendieta y hasta Yassogna, y de ellos propiciar las mejores ocasiones ofensivas del primer tiempo.
Por ello, y luego de haber tenido dos muy claras ante Elías Gómez, arquero del local, la ventaja parcial del Gallo no habría de sorprender a propios y extraños, cuando de un preciso centro de Cristian Yassogna, desde la derecha, el propio Domínguez habría de capturar el envío por izquierda, para abrir el marcador con un zurdazo letal y darle justicia en el resultado, a un Morón que, en esos '45 iniciales y al igual que frente a Flandria y Almirante, había sido mucho más que su rival, en todas las líneas.
Tan evidente habría de constituir la superioridad territorial y futbolística del Gallo, en ese primer tiempo, que la impotencia creciente de este buen equipo de Barracas, con varios nombres importantes para la categoría, originaría una durísima entrada de César Leguizamón Arce, en perjuicio de un visiblemente recuperado Altobelli, y como lógica y justa consecuencia, su correcta roja directa, a cargo de Eduardo Gutiérrez, a falta de cinco minutos para el final de la etapa.
En el complemento, y para sorpresa de todos, el "Camionero" generaría mayores zozobras a la última línea del Gallito, con diez hombres en el terreno, más que otrora con once (algo parecido a lo que ocurriese en el "Guillermo Laza", frente a Riestra), con un siempre desequilibrante Alfredo Abalos, como abanderado de la obligación "barraqueña", instantes donde volvería a aparecer Carlos Morel, para conjurar los intentos locales y tranquilizar a sus compañeros de defensa, que por entonces evidenciarían los únicos momentos de confusión en todo el partido.
Ajustadas algunas marcas y a partir del intento de volver a defenderse con la tenencia y circulación de la pelota, para asimismo, hacer valer en la práctica el hombre de más, máxime con el ingreso de Lucas Nanía, Morón retomaría el contralor de las "riendas" del encuentro y apostaría a una contra que defina definitivamente el pleito a su favor, siempre desde los pies de Domínguez o Lillo, y en dirección a Mendieta y Altobelli (los tres primeros, junto a Morel y Gásperi, los puntos más altos de un conjunto que volvió a sobresalir como EQUIPO).
Por culpa de la falta de claridad en los últimos metros y de contundencia a la hora de la definición (la misma que lo privara, en cotejos anteriores, de unos cuantos puntos más), el Gallo debería sufrir hasta el minuto 42 del complemento para sentenciar el resultado, "sufrimiento" derivado de la escasez númerica de la victoria parcial por la mínima, más que por las virtudes de un rival controlado y casi abatido, por ese entonces, y sin embargo, siempre peligroso.
Con el segundo tanto de Morón, a cargo de Leonel Altobelli, y luego de un lindo encuentro entre Domínguez y Nanía, y además de la "buena nueva" extra, del regreso al gol del máximo artillero de este equipo (el noveno en el torneo), de flojas actuaciones en los últimos tiempos, el Gallo se alzaría con tres puntos merecidos, ganados con absoluta autoridad y justicia, en virtud de una superioridad absoluta y manifiesta durante los 90 minutos, frente a uno de los mejores (por lo menos, potencialmente) de la categoría, en un terreno siempre difícil, para consolidar su puesto de Reducido, estirar a seis su actual invicto y, fundamentalmente, confirmar una "levantada" progresiva e innegable en su rendimiento.
Y lo que es más importante, este Morón de Blas Giunta redondearía una de sus mejores actuaciones de visitante, sinó la mejor de todas, debido a la ambición de una búsqueda desde el minuto cero, algo que, indudablemente, constituye una virtud emanada de una decisión del propio cuerpo técnico.
Es que, así como en su momento, durante el presente campeonato, criticamos duramente la mezquindad táctica de entonces, hoy reconocemos y resaltamos un saludable cambio de actitud, que nada tiene que ver con resultados circunstanciales y sí mucho, con la actual mejora del equipo, en procura de una identidad y de un equilibrio, que por estos días parece paulatina y afortunadamente "en progreso".
Pero siempre con mesura y la necesaria tranquilidad, porque ni antes éramos los "peores", ni ahora somos los "mejores".
Se trata de un EQUIPO "en proceso de", y como tal, en búsqueda de su "destino".
Seguramente, "en el camino"..., a pesar de eventuales e inevitables "tumbos".
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
Foto: gentileza, Osvaldo Abades (h).
En el marco de una "levantada" innegable, que en rigor de verdad, venía dando indicios desde partidos previos al final de la primera rueda, a excepción de la derrota dolorosa (en el trámite, más que en el resultado) frente al humilde Deportivo Merlo, y anclado en un rendimiento colectivo in crescente, con algunos puntos individuales destacados, pero solventado en una progresiva mejora de conjunto, este equipo de Blas Armando Giunta ha ido reconstituyéndose a sí mismo, prácticamente desde cero, hasta ir adquiriendo una fisonomía más parecida a aquél EQUIPO de comienzos del "ciclo Giunta", a mediados de la temporada precedente, que sin brillar ni muchísimo menos, se caracterizaba por su orden, solidaridad, sacrificio y contundencia para ganar sus partidos con autoridad y merecimientos suficientes.
Sin embargo, en las últimas jornadas, habíamos ya subrayado este crecimiento en el rendimiento colectivo, aunque de manera despareja en todas sus líneas, dada la consolidación de una defensa otrora vulnerable, y ahora sólida y concentrada los '90, comenzando por la seguridad irradiada desde el propio arco por Carlos Morel, y prolongada en una última línea de cuatro centrales, que supo combinar la regularidad de Emiliano Mayola, con la sobriedad de Nicolás Gásperi y la grata sorpresa de Cristian Broggi, más allá de los altibajos de Ariel Otermín, cada partido más "contagiado" por la efectividad de sus compañeros.
En el medio, en igual lapso y más allá de eventuales triunfos, empates o incluso derrotas, ha resultado más que evidente el crecimiento exponencial de Cristian Lillo, primer defensor a la hora del repliegue y también el primer atacante, al momento de recuperar el balón y dar el pase inicial ofensivo, siempre bien secundado por Jonatan Páez (ausente por lesión, frente a Barracas), pero de indudable importancia, en cada cotejo en cancha, además de la prodigalidad y sacrificio táctico habituales en Cristian Yassogna, y el inesperado pero afortunado regreso a la consideración de Mauro Montenegro, convertido en la "rueda de auxilio" y el suplente "número uno", toda vez que en los últimos partidos, el mediocampo del Gallito se ha podido ver resentido por la ausencia obligada de los antedichos y, sin embargo, no ha ocurrido por el "reestreno" de Montenegro en este equipo.
Y tal vez allí, comenzarían los mayores déficits de este conjunto de Blas Giunta, que básicamente se hallan centrados en la generación de juego asociado en el medio y de claridad y contundencia en los últimos metros, a pesar de otra irrupción impensada hace tan sólo una decena de cotejos, y que tiene que ver con la inclusión y consolidación en el primer equipo, de esa auténtica "bocanada de aire fresco", llamada Junior Mendieta, erigido por absoluto mérito propio y "prepotencia de talento", en la pieza ofensiva más desequilibrante de este momento del Deportivo Morón.
Claro que, la falta de fútbol en este equipo, muchas veces ha tenido que ver con la ausencia de variedad de interlocutores válidos, claro está, pero también es cierto que en otras tantas ocasiones, ha estado emparentada con decisiones tácticas erróneas o necesidades prosaicas circunstanciales, dentro de un plantel antes numeroso y ahora no tanto, pero siempre escaso de variantes de calidad para la generación de juego y la efectividad en el arco contrario.
Así y todo, con mayores momentos de lucidez o "lagunas" de irregularidad mediante, el único protagonista capaz de "hacer jugar" a sus compañeros, ha sido y seguramente lo seguirá siendo, hasta el final del presente torneo, el cordobés Federico Domínguez, demasiadas veces restringido por decisiones tácticas, a transitar la franja izquierda del mediocampo, cuando lo mejor de su repertorio, sin dudas, ha sido visto partiendo desde el centro, con libertad para "flotar" por delante del "doble cinco" e hilvanar sociedades con los puntas o encarar en intentos individuales, en base a una admirable y desusada habilidad para la gambeta en velocidad (algunas veces, y como todo talentoso, pagando el pecado venial de "hacer una de más").
De hecho, y en el triunfo por dos a cero frente a Barracas, en Olavarría y Luna, "Fede" Domínguez, un auténtico "Kung Fu" en materia de generación de fútbol, dentro de este austero aunque solidario Deportivo Morón, habría de salirse varias veces del "libreto" técnico, para explotar mejor sus potencialidades y manejar los "hilos" de una visita que, a la vieja usanza de los primeros tiempos del "ciclo Giunta", ejercería una presión bien alta sobre su rival para, una vez conseguido el balón, administrarlo en base a la ductilidad del "David Carradine" del Oeste, para generar a su vez, virtuosos encuentros futbolísticos con Leonel Altobelli, Mendieta y hasta Yassogna, y de ellos propiciar las mejores ocasiones ofensivas del primer tiempo.
Por ello, y luego de haber tenido dos muy claras ante Elías Gómez, arquero del local, la ventaja parcial del Gallo no habría de sorprender a propios y extraños, cuando de un preciso centro de Cristian Yassogna, desde la derecha, el propio Domínguez habría de capturar el envío por izquierda, para abrir el marcador con un zurdazo letal y darle justicia en el resultado, a un Morón que, en esos '45 iniciales y al igual que frente a Flandria y Almirante, había sido mucho más que su rival, en todas las líneas.
Tan evidente habría de constituir la superioridad territorial y futbolística del Gallo, en ese primer tiempo, que la impotencia creciente de este buen equipo de Barracas, con varios nombres importantes para la categoría, originaría una durísima entrada de César Leguizamón Arce, en perjuicio de un visiblemente recuperado Altobelli, y como lógica y justa consecuencia, su correcta roja directa, a cargo de Eduardo Gutiérrez, a falta de cinco minutos para el final de la etapa.
En el complemento, y para sorpresa de todos, el "Camionero" generaría mayores zozobras a la última línea del Gallito, con diez hombres en el terreno, más que otrora con once (algo parecido a lo que ocurriese en el "Guillermo Laza", frente a Riestra), con un siempre desequilibrante Alfredo Abalos, como abanderado de la obligación "barraqueña", instantes donde volvería a aparecer Carlos Morel, para conjurar los intentos locales y tranquilizar a sus compañeros de defensa, que por entonces evidenciarían los únicos momentos de confusión en todo el partido.
Ajustadas algunas marcas y a partir del intento de volver a defenderse con la tenencia y circulación de la pelota, para asimismo, hacer valer en la práctica el hombre de más, máxime con el ingreso de Lucas Nanía, Morón retomaría el contralor de las "riendas" del encuentro y apostaría a una contra que defina definitivamente el pleito a su favor, siempre desde los pies de Domínguez o Lillo, y en dirección a Mendieta y Altobelli (los tres primeros, junto a Morel y Gásperi, los puntos más altos de un conjunto que volvió a sobresalir como EQUIPO).
Por culpa de la falta de claridad en los últimos metros y de contundencia a la hora de la definición (la misma que lo privara, en cotejos anteriores, de unos cuantos puntos más), el Gallo debería sufrir hasta el minuto 42 del complemento para sentenciar el resultado, "sufrimiento" derivado de la escasez númerica de la victoria parcial por la mínima, más que por las virtudes de un rival controlado y casi abatido, por ese entonces, y sin embargo, siempre peligroso.
Con el segundo tanto de Morón, a cargo de Leonel Altobelli, y luego de un lindo encuentro entre Domínguez y Nanía, y además de la "buena nueva" extra, del regreso al gol del máximo artillero de este equipo (el noveno en el torneo), de flojas actuaciones en los últimos tiempos, el Gallo se alzaría con tres puntos merecidos, ganados con absoluta autoridad y justicia, en virtud de una superioridad absoluta y manifiesta durante los 90 minutos, frente a uno de los mejores (por lo menos, potencialmente) de la categoría, en un terreno siempre difícil, para consolidar su puesto de Reducido, estirar a seis su actual invicto y, fundamentalmente, confirmar una "levantada" progresiva e innegable en su rendimiento.
Y lo que es más importante, este Morón de Blas Giunta redondearía una de sus mejores actuaciones de visitante, sinó la mejor de todas, debido a la ambición de una búsqueda desde el minuto cero, algo que, indudablemente, constituye una virtud emanada de una decisión del propio cuerpo técnico.
Es que, así como en su momento, durante el presente campeonato, criticamos duramente la mezquindad táctica de entonces, hoy reconocemos y resaltamos un saludable cambio de actitud, que nada tiene que ver con resultados circunstanciales y sí mucho, con la actual mejora del equipo, en procura de una identidad y de un equilibrio, que por estos días parece paulatina y afortunadamente "en progreso".
Pero siempre con mesura y la necesaria tranquilidad, porque ni antes éramos los "peores", ni ahora somos los "mejores".
Se trata de un EQUIPO "en proceso de", y como tal, en búsqueda de su "destino".
Seguramente, "en el camino"..., a pesar de eventuales e inevitables "tumbos".
Gustavo Adrián Requelme.
@elgallogustavo.
Foto: gentileza, Osvaldo Abades (h).
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